Ferocidad en danza

Encontré mi cuerpo en los antiguos nudos de mi niñez

Anclado como un disparo de fuego fijo

Mirando un espectro rubio y vivaz como la claridad de los animales rabiosos

Esos días de Verne sumidos en aventura de dulce crudeza

La miel y la madeja de palabras

La violencia silenciosa de mis propios ojos

No es cierto que fuera fácil

Ese terror nocturno mudaba en constante tristeza solar

La desnudez de mis manos gritaba en lenguajes impensados

Entré a la Iglesia un día, con ganas de romper los muros

Vi al Cristo cubierto de llagas con la impotencia de encontrarlo solo

Sé que tuve un tiempo de inocencia: éste y no aquel.

Alma mía,

Te volviste demasiado nacida en esos días.


Jimena Marcos

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