Apariciones de un lenguaje

Luces... antiguas luces de mi infancia. Aún me carga en el desierto esa niña que fui. Su débil cuerpo es una agrietada espesura para mi peso escandaloso. La tengo retenida como un pájaro de hierro en una jaula de aire feroz, que corta las madejas de silencio porque no las soporta. La tengo confinada a calcular inclinaciones, gestos, miradas furtivas y ademanes de la casualidad. Su claustro es la morada más arcaica del deseo; y con arcaica quiero decir vieja y no primaria. Vuela pequeña niña del sol, tus ojos son dos diamantes que reflejan el brillo del universo. Exíliate en el rincón mas futuro del mundo, donde tu sinceridad animal sea una perla que adorne el destino de los fieles.

Jimena Marcos


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