Mis orillas

Orquesta infinita,
ensamble de cabellos,
aves de seda en repetición
Y yo...
Busco soledades de un solo cuerpo

Jimena Marcos


Deseos

Infiltrado, escondedor de noches
Húndete en la masiva historia del oro
Intruso de mi aciago bosque
deja de violentar mis ojos
Te destierro en un oleaje
más pretérito que el mar,
cuando aguas avanzaban sin temor a la bruma,
cuando hambre y pavor se escribían con niebla

Jimena Marcos


Resplandor

Gorriones perdidos de Fuego
Paraje íntimo de la destrucción
Veloz cacería de cuerpos
Salir de las fauces del Mundo
A derrocar la melodía de Ecos
con mi rabiosa locura

Jimena Marcos



Desgarraduras

Acorralada en la vieja poesía
Dirijo mis caballos de ceniza
al centro del fuego fantasmal.
Madrugada de caballos-dijo él-
Sol de rasgadas puntas
contra mis ojos.

Jimena Marcos
Interminable

Mi tejido más obtuso
navega en las corrientes íntimas,
en el fluido salvaje
del universo
Cómo absorbe el mundo
mis imperdonables márgenes
de grieta;
Si lanzo gorriones negros
a la trama blanca
del océano?

Jimena Marcos

El alma inclinada


Pausa

Alumbras un desesperado

Yo pienso en la caída

De ser un pedazo

Sin tu nombre

Una sucesión de tiempo

Se presenta

Como una burla

Para seguir donde

Ensayarte es casi posible

Mis ojos abisman

Aquello que tu boca muere

Y sería bello envejecer

De los caprichos del alma

Jimena Marcos

El oro frágil


Niño dios de mi universo

Por ti un descanso ensordecedor

Me abriste el día como una caja vacía

Y era tu noche, la furiosa nota prometida.

Jimena Marcos

Rarezas


Un existir de otro modo

En cuartos contiguos

atados de leguajes viejos

Cuerpo sobre cuerpo

Canté el sonido de la nota perdida

Pero la muerte fue solo un rasguño

Ya no hay final para mi estrella

Fuera del sinuoso despertar del lobo

Donde sangre es todo lo que queda


Jimena Marcos


El Bosque


Extensa morada para los ciervos. Ambiguos diamantes para los hombres. Tu luz encabrita las noches de mi cuello desierto.

El alma, la voz, el Alma…

Jimena Marcos


La enamorada del viento

A Alejandra Pizarnik


Los cobardes explotan la noche que los poetas drenan. Tanto consumir esta desesperación que se desespera aún más por tener que ensayar las formas del permiso. Y, curiosamente, nadie supone que ella trabaja sola la noche, que la deshace de lágrimas y la retorna a su cuerpo original: animal rabioso que muerde ruinas en perpetua construcción.

Jimena Marcos


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Cielo del poniente


Lejos, lejos… Se queman nuestros dedos en esa costumbre tan aborrecida de separarnos. Como si fuéramos dos, como si fuera posible decir dos. Nos arrojamos a la cortina de niebla que propone reparar algo que nunca se rompió (ya vino así, es decir: roto). Ahora bien, sigo instalada en esa bellísima dialéctica de tu lengua, esa que nunca pudiste enunciar porque el precio es el dualismo. Y no dejas de hablar una distancia que me está corrompiendo los ojos, deberías verlos y acariciarlos con tus manos, deberías acunarlos con tus delirios frenéticos, llenarlos de voces imprudentes. Estar aquí o allí es imposible. Estar en mí es una coherencia insoportable. Estar en ti convoca la locura de escribir tu cuerpo. Entonces, mi querido ser inescrutable, mejor fúndete y devórame los ojos, para siempre.

Jimena Marcos


Enredaderas sin nombre

A Francisco Madariaga

El canta

El aparece

El se fija

El se crea

El me escribe

Los ojos negros

De sed


Jimena Marcos



Fuegos porvenir

No el miedo

Sí el esqueleto de lo desconocido

Estás precipitando el Ser más abismal del mundo

Estás construyendo la Capital del Estruendo.


Jimena Marcos



Apariciones de un lenguaje

Luces... antiguas luces de mi infancia. Aún me carga en el desierto esa niña que fui. Su débil cuerpo es una agrietada espesura para mi peso escandaloso. La tengo retenida como un pájaro de hierro en una jaula de aire feroz, que corta las madejas de silencio porque no las soporta. La tengo confinada a calcular inclinaciones, gestos, miradas furtivas y ademanes de la casualidad. Su claustro es la morada más arcaica del deseo; y con arcaica quiero decir vieja y no primaria. Vuela pequeña niña del sol, tus ojos son dos diamantes que reflejan el brillo del universo. Exíliate en el rincón mas futuro del mundo, donde tu sinceridad animal sea una perla que adorne el destino de los fieles.

Jimena Marcos




Lúdico deseo

Viento querido

Límpiame el rostro

De las miradas superpuestas

El borde filoso de mi lengua

Arquea el universo en una lamida


Jimena Marcos



Ferocidad en danza

Encontré mi cuerpo en los antiguos nudos de mi niñez

Anclado como un disparo de fuego fijo

Mirando un espectro rubio y vivaz como la claridad de los animales rabiosos

Esos días de Verne sumidos en aventura de dulce crudeza

La miel y la madeja de palabras

La violencia silenciosa de mis propios ojos

No es cierto que fuera fácil

Ese terror nocturno mudaba en constante tristeza solar

La desnudez de mis manos gritaba en lenguajes impensados

Entré a la Iglesia un día, con ganas de romper los muros

Vi al Cristo cubierto de llagas con la impotencia de encontrarlo solo

Sé que tuve un tiempo de inocencia: éste y no aquel.

Alma mía,

Te volviste demasiado nacida en esos días.


Jimena Marcos